La incertidumbre del mercado

La disciplina en momentos de pánico

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Introducción

Ante la actual incertidumbre de los mercados es normal que muchos estemos ansiosos por la evolución de las cotizaciones de las acciones que hemos adquirido recientemente. Unos días suben un poco… a los pocos días caen de forma abrupta.

Ante este escenario tan brutal y ante el miedo que se esparce por doquier, sugiero tener un punto de vista de la situación que sirva para tranquilizar los ánimos. Para ello simplemente veremos cómo la inversión mediante value investing nos ofrece planteamientos que nos van a servir para disipar miedos y seguir tranquilamente con nuestras tareas.

Comprar acciones con mentalidad empresarial

En primer lugar, quiero comentar que cuando estamos comprando acciones lo que realmente hacemos es comprar empresas y no bits de información que suben y bajan a través de internet. Desde mi experiencia, esto último es lo que suele hacer la gente, junto con la lectura de los malos augurios de la prensa (no olvidemos nunca que la prensa vive siempre de los titulares, es decir, cuanto más alarmante sea, más periódicos y revistas van a vender).

Por ello, cada vez que compremos acciones es necesario tener en mente que somos realmente propietarios de una empresa. Esto a la práctica lo podemos ver mediante un ejemplo:

 

  1. Compramos acciones de BBVA en enero de 2011 a 8 €/acción con un beneficio de 1,00 €/acción previsto en 2011 (aunque nadie sabe la cifra exacta a ciencia cierta). Es un buen precio en relación a los beneficios generados en el pasado, así que es una inversión con pleno sentido económico.
  2. BBVA ha tenido un historial más o menos estable de beneficios para la entidad dominante de aproximadamente 4.600 MM€ en 2010, 4.200 MM€ en 2009 y 5.000 MM€ en 2008. Parece ser que este año va a ser algo peor, por el negocio y por la dilución de las acciones ya que van a reforzar su estructura de capital (BBVA es quizás uno de los bancos más fuertes de toda la zona euro).
  3. Lo que sí sabemos es que si todo sigue más o menos igual (parece probable puesto que BBVA superó la crisis del 2009 sin problemas), con las acciones compradas a 8€ ganaremos un 12,5% (=1,00€/8,00€) en el 2011, aproximadamente. Este es realmente el beneficio que ganaremos, no por la subida de la acción, sino porqué la empresa que hemos comprado gana dinero. Adicionalmente, se prevé para el 2011 unos dividendos mínimos de 0,40€/acción, o una rentabilidad del 5% (=0,40€/8,00€).
  4. Si pudiéramos comprar estas mismas acciones a un vendedor desesperado que nos las ofreciera a 6€, entonces ganaríamos un 16,6% (=1,00€/6,00€) y un dividendo mínimo del 6,6% (0,40€/6,00€). No está nada mal…
  5. Si comparamos lo que ganamos con el BBVA respecto a un depósito, debemos observar que los bancos nos hacen ofertas antes de pagar impuestos, es decir, si ING nos ofrece un depósito a 6 meses al 4%, realmente es del 3,4% (pagamos 21% en impuestos). Si miramos  nuestra inversión en el BBVA, antes de pagar impuestos del 25% la rentabilidad asciende a cerca del 16,7% (=1,00€/0,75/8,00€= 1,33€/8,00€). Y no digamos si compramos acciones del BBVA a 6€, en cuyo caso la rentabilidad antes de impuestos es del 22,2%. Cuando comparamos rentabilidades entre depósitos y acciones es mejor pensar de la forma que acabo de exponer. También es necesario comentar que las acciones pueden subir y bajar sustancialmente, mientras que los depósitos no.
  6. Lo más importante de todo es entender que la persona que compró acciones del BBVA a 8€ realmente no ha perdido absolutamente nada a pesar de que la acción ha caído a 6€, puesto que no tiene porqué venderlas a este precio. En todo caso ganará un 12,5%, del cual cerca de un 5% lo cobrará mediante dividendos y el resto (7,5%) se va a reinvertir para fortalecer el negocio del BBVA. Adicionalmente, si tuviera más liquidez podría comprar aún más acciones y beneficiarse de la situación de pánico que estamos viviendo ahora.
  7. Esto sólo se puede llevar a cabo si uno tiene una visión empresarial a largo plazo. En cambio, si uno quiere comprar y vender constantemente e intentar predecir el futuro de las cotizaciones, sufrirá inevitablemente las mordidas del mercado que lo agobiarán innecesariamente.

Un empresario no está todo el rato delante de la pantalla de su ordenador para saber el precio que le ofrece un potencial comprador por adquirir su empresa. Esta información, si bien es interesante, no le quitará el sueño. El empresario simplemente sigue con la propiedad de su empresa, siempre que todo indique que el negocio sigue ganando dinero, como es el caso (12,5% de BBVA en el año 2011 si lo compramos a 8 €/acción). Y si por casualidad alguien le ofrece un precio absurdo (muy bajo o muy alto), entonces comprará o venderá.

El mercado tiene periodos de irracionalidad: miedo y avaricia

Por otro lado, también quiero comentar que considero que el mercado se ha colocado en modo de piloto automático temerario: es decir, el miedo ha inundado las bolsas. Hay una gran diferencia entre el miedo y los hechos reales. Sin embargo, los miedos, cuando son muy intensos, pueden parecer tan reales que hacen que la gente actúe en base a ellos, en lugar de atenerse a datos reales y hechos. Lo mismo sucede con la avaricia, pero en la dirección contraria.

Evidentemente la situación de la economía puede empeorar. Si aparece una crisis, significa que el PIB de un país puede bajar un 1% o un 2% respecto al año anterior, aunque esto no justifica que las bolsas en su conjunto caigan un 40%: es algo absurdo, pero pasa. Lo más sorprendente es que pase ahora, cuando ni tan siquiera hemos entrado en crisis, es decir, sin tener datos reales (de ahí la volatilidad bursátil basada en expectativas, y no en hechos). En momentos de crisis buscamos los comentarios de los expertos (que se equivocan más veces de lo que pensamos) y la opinión sesgada de tiburones como Georges Soros, que apuestan a la baja en los mercados y lanzan al mismo tiempo mensajes muy pesimistas.

Todo este comportamiento tan volátil solamente se puede justificar si las bolsas están inmersas bajo el paraguas del miedo, es decir, las masas y los grandes inversores institucionales venden acciones por causas desproporcionadas a los hechos. Y esto supone una gran ventaja para nosotros, si tenemos paciencia y disciplina.

Disciplina: comprar cuando está bajo y vender cuando está caro

Lo típico y tópico de la bolsa consiste en comprar cuando las acciones están baratas y venderlas cuando estén caras. John D. Rockefeller decía “The way to make money is to buy when blood is running in the streets”, y actualmente Wall Street es una de estas calles.

Lo duro, sin embargo, es tener la disciplina para comprar en estos momentos. Es difícil porqué por doquier se nos dice que se acaba el mundo, o que sencillamente el precio de las acciones puede caer aún mucho más (de hecho, puede pasar perfectamente, pero nadie lo sabe con total certidumbre, al menos yo no). Además, expertos de todo tipo opinan con discursos cargados de pesimismo. Mucha gente los lee y sale corriendo presa del pánico.

Por eso es tan duro y exigente comprar en los momentos de mayor crisis, porqué exige comprar cuando el resto vende, y esto es siempre difícil: ¿si todo el mundo vende, y yo compro, no será que yo estoy equivocado…?

Además, probablemente a corto plazo veremos como nuestras acciones siguen bajando, cosa que nos puede poner aún más nerviosos y que alguien nos diga: “¡ya te lo dije…!”

Por ello es tan importante centrarnos en lo que realmente ganan nuestras inversiones, como por ejemplo, el beneficio por acción o el valor contable por acción que va pareja a cada una de ellas (ver ejemplo anterior del BBVA). Lo ideal es pensar con un plazo mínimo de 2 años y diversificar adecuadamente.

Cuanto más bajas están las acciones, hay menos riesgo

La sensación de riesgo suele incrementarse cuando las acciones bajan, sobretodo si bajan mucho. Peor aún si miramos sus precios constantemente por internet… algo que no ayuda en absoluto a que suban la acciones, pero sí a que nos desesperemos.

Desde mi punto de vista las acciones a precios baratos son de todo menos arriesgadas. Desde mi punto de vista, el riesgo no consiste en que una acción fluctúe mucho o poco, sino en que realmente se pierda dinero. Y sólo voy a perder dinero en el momento de la venta si lo hago a un precio inferior al de compra. Así pues, lo que más me debe preocupar es la buena (o suficientemente buena) evolución del negocio subyacente, y que el precio que haya pagado por él sea suficientemente bajo para no pillarme los dedos.

Por ejemplo, muchos no compraron cuando el IBEX llegó a 7.000 en el año 2009 porqué había tanto pánico que pensaban que seguiría cayendo (entre ellos yo mismo…). Sin embargo, haber comprado acciones a 7.000, o a 8.000, cuando en menos de un año subió a 12.000, fue una compra con poquísimo riesgo. ¿Por qué? Pues porqué el precio es tan bajo que difícilmente bajará a precios sustancialmente por debajo de 7.000 o 8.000, y si lo hace, que puede ser, es difícil que se mantengan así indefinidamente. Raramente ha habido periodos históricos con precios reales tan deprimidos, aunque evidentemente puede pasar de todo. Pero nosotros debemos tomar decisiones en base a probabilidades y no en base a casos extremos.

Desde mi punto de vista, es claramente mejor comprar en momentos de crisis, aunque los mercados puedan bajar un poco más, a esperar a que suban a un nivel más cómodo, o peor aún, a esperar a que otra vez haya un boom.

Conclusión

Con este pequeño escrito simplemente he querido transmitir algunas ideas en torno a los duros momentos bursátiles que estamos viviendo de manera que podamos sobrellevarlo con algo más de tranquilidad.

 

Xavier San Miguel Moragas, CFA

BISSAN Value Investing, EAFI

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Managing Director de BISSAN Value Investing, EAFI

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